Skull Cowboy o la importancia de dos escenas

Skull Cowboy es un personaje de El Cuervo que fue eliminado de la película con sus escenas ya rodadas, a pesar de que sí aparece en el cómic original de James O’Barr – y mola bastante, dicho sea de paso -.

Es una especie de no muerto que debe guiar a Eric en su regreso al mundo de los vivos. Un recurso muy utilizado en fantasía es servirse de un “maestro” para que informe tanto al protagonista como al público, papel que en este caso jugaba Skull Cowboy.

En contra de la creencia popular, el personaje fue eliminado del filme antes de la muerte de Brandon Lee. Los guionistas decidieron que su estética y espíritu no encajaban con el resto de la película. Pero cumplía una función que debía ser realizada. La desaparición de Brandon afectó al argumento, ya que las escenas explicativas que suplirían la eliminación de Skull Cowboy no pudieron ser rodadas sin él.

Esto condujo a una decisión drástica: no explicar nada. Salvo la brevísima narración de Sarah en los primeros minutos – “antiguamente la gente creía que, cuando alguien muere, un cuervo se lleva su alma a la tierra de los muertos” – no se dan detalles sobre los elementos mágicos de la película. Apenas se ofrece una pista cuando Myca decide que el ave es un vínculo entre este mundo y el otro, una idea que fue introducida después de eliminar a Skull Cowboy. Poco sabemos aparte de que Eric ha resucitado y que sus heridas se regeneran.

El par de escenas que se rodaron con el cowboy y que circulan por internet, junto a alguna otra que había prevista, eran breves pero tremendamente explicativas. Se analizaban los poderes de Eric y la ética que los mueve. Se entreveía un mundo sobrenatural con sus propias normas e identidad y del que Skull Cowboy sería una suerte de mensajero. Un antiguo resucitado que, en un momento de flaqueza, falló a la hora de regresar a su tumba y quedó como errante en la tierra de los vivos.

Una de las cosas que hacen a El Cuervo tan especial es su oscuridad, no en cuanto a su ambientación sino a su atmósfera de misterio. No sabemos nada del mundo sobrenatural del que nacen la historia y su protagonista. La escena de la resurrección de Eric – con la genial actuación de Lee – es paradigmática: sale de la tierra y no entiende lo que ocurre. Está aterrorizado y confuso. Y este tenebrismo se mantiene toda la película. Eric actúa como por instinto, guiado por un impulso inexplicable.

Si el cowboy hubiera estado ahí, este misterio se habría desvanecido. Daría a Eric las explicaciones necesarias, arrojando luz a su alrededor. La película perdería su velo de misterio, todo sería mucho más hollywoodiense. En definitiva, El Cuervo sería otra película. Una buena película, quizá; pero una cualquiera, no la joya de culto que es.

Skull Cowboy es una muestra de cuánto pueden cambiar una obra un par de escenas o un personaje secundario. No solo El Cuervo, hay muchos ejemplos. Es una referencia excelente para aquellos que crean historias, para dar a cada detalle la importancia que merece. Todos los elementos, incluso los más secundarios, cumplen una función que puede ser determinante.

Nunca sabremos qué habría resultado de no haberse producido la tragedia, pero descartar a Skull Cowboy fue una buena decisión. Era un personaje relevante que sin embargo no encajaba, y su eliminación dio más fuerza al regalo que Brandon Lee hizo al mundo del cine.

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Skull Cowboy o la importancia de dos escenas

Es díficil empezar

Es difícil empezar algo. Al menos para mí. Me digo que no me gusta la fecha, como si fuera a recordarla más adelante, o que el mes no es el adecuado por esto o lo otro.

Cuando se trata de escribir es aún peor. Lo de la página en blanco y todo eso. Pero se diría que cuando algo nos gusta, cuando algo nos llena, es mucho más complicado arrancar. En el pasado he escrito mucho, muchísimo. Y recuerdo que el primer blog lo empecé casi sin querer, en unos minutos. Salió solo. Nunca me planteé si era mayo o junio, miércoles o jueves o qué plantilla tenía que utilizar.

Del mismo modo que, cuando era un chaval, no necesitaba ayuda para sentarme delante del ordenador y verter pensamientos, miedos, sueños en forma de relatos y poemas. Simplemente lo hacía. Llegaba del instituto con la mente ardiendo, comía deprisa y me ponía a escribir con aquel viejo trasto y su Windows 98. Por qué aquello ha cambiado, no lo sé.

Quizá la clave sea no tener un objetivo. Cuando era un chiquillo no me planteaba si lo que estaba escribiendo serviría para algo, si lo publicaría o terminaría en la basura. Simplemente lo escribía. Sentía dolor o tristeza, o me había dejado la novia o me había enfadado con un amigo y escribía. Escribía, escribía.

Pasaron los años y dejé de darle importancia, y después con internet empecé a tomármelo demasiado en serio. Tanto que llevo mucho atascado con esta nueva ilusión que, sin embargo, no logro sacar adelante. Cualquier motivo es bueno para detenerse.

Quizá no es el día correcto, o el tema adecuado para empezar, o el nombre no es el mejor, o el diseño es malo o la plataforma es la equivocada. Supongo que podría pasarme así otros diez años, y entonces me lamentaría por no haberlo hecho cuando pude hacerlo.

Por eso he decidido empezar, aunque sea difícil. Solo por no tener que mirar atrás y preguntarme por qué no lo hice. Por qué perdí tanto el tiempo. Quizá el tema no sea el correcto, tal vez no es la mejor entrada. Seguiré intentando recordar qué era lo que me motivaba en el pasado a sentarme cada tarde y escribir una palabra tras otra.

Mientras tanto aquí estoy, vertiendo mis pensamientos.

Es díficil empezar